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Ilustración realizada para la exposición colectiva "El Quijote y el arte: homenaje a Cervantes", con motivo de la conmemoración del iv centenario de la muerte de Miguel de Cervantes.

  • Por Laura Torrico

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Ilustración de El Quijote para el IV Centenario de la muerte de Cervantes

Todo el mundo está preparando algo para celebrar el IV Centerario de la muerte de Miguel de Cervantes, y nosotros no íbamos a ser menos. El próximo día 15 de abril se inaugurará en Valdemoro una exposición en homenaje a nuestro escritor más famoso, para la cual yo he realizado esta ilustración.

En mi casa tenemos varias ediciones de El Quijote, y en una de ellas aparece un bonito prólogo escrito por Francisco Umbral, que fue el que me inspiró para enfocar mi ilustración:


“Hay una frase de Voltaire sobre el Quijote que me parece la más inteligente glosa al libro cervantino y a la verdadera personalidad del hidalgo manchego. Dice el Voltaire ya maduro: “Yo, como don Quijote, me invento pasiones sólo para ejercitarme”.

La ocurrencia es bella y melancólica referida al propio Voltaire, pero es absolutamente reveladora referida a Don Quijote. Don Quijote nunca hemos creído que estuviera loco, pero nadie mejor que Voltaire ha denunciado jamás su lucidez. Llegado a la cincuentena (que era mucho para un hombre de la época), Alonso Quijano decide que hay que pegar el salto, que ha empezado para él la vejez, que empieza a ser un hombre desapasionado (salvo las pasiones vicarias de las novelas) y que necesita “inventarse” (hoy diríamos incentivar) las pasiones que ya no siente, o sólo de manera muy tibia. A tal pasión responde el sueño de Dulcinea, que es suficientemente vagarosa y gentil como para mover a un caballero, pero no ya a un amante. Asimismo, los sueños de aventura, gloria, combate, justicia y otras noblezas. Alonso se inventa la vida que nunca ha tenido o que le va faltando. Y creo que ésta es la más profunda enseñanza del libro, con permiso de los cervantistas, y que sólo Voltaire la vio. El hombre ha de estar siempre inventándose pasiones, desde las primeras, que no lo serán si las deja en “pecados de juventud”.


[...]

Cuando el hidalgo vive todo lo que no había vivido, entonces es cuando decide retirarse y morir. Llenó su vida de tantos disparates que, de pronto, ya se sabía protagonista del libro que estamos leyendo. Gran modernidad de Cervantes, el personaje vuelto sobre sí mismo. Y no es que haya que ejercitarse en la vejez, inventarse pasiones nuevas, sino que en toda edad está vivo el hombre.”

Francisco Umbral.

Extraído del prólogo a Don Quijote de la Mancha, Unidad Editorial SA (El Mundo) publicado en 1999. Colección Millenium.




He querido ensalzar la figura de Alonso Quijano, vistiéndole con una armadura que cumple la función inversa a su uso tradicional: si bien las armaduras son eso, armazones, que por su naturaleza frenan la mayoría de impactos para proteger el cuerpo, el interior, la parte más vulnerable del ser; en mi caso podría ser un exoesqueleto que pone de manifiesto la belleza interior de este personaje. Un corazón y un sistema circulatorio integrados en una vestimenta metálica, que le otorga a Don Quijote de la Mancha su verdadera condición de caballero, ya que su pasión le lleva a dar lo mejor de sí mismo por ayudar a los demás.

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